martes, 26 de febrero de 2008

Mérida

Probablemente sea Mérida, la orgullosa capital de la Comunidad Autónoma de Extremadura y sede de su Presidencia, de su Junta y de su Asamblea Regional, uno de los pocos lugares del mundo donde todavía es posible observar con claridad el trazado de una ciudad romana en su totalidad, una ciudad cuya grandeza y esplendor han presidido este lugar desde tiempos muy remotos. Su origen se remonta a los tiempos del imperio romano, cuando el Emperador Augusto, en el año 15 antes de Cristo entregó la zona a soldados licenciados como gratificación por su buen trabajo en las guerras cántabras. Así se creó Augusta Emerita.

El esplendor de Mérida durante la época romana queda patente en su conjunto artístico, de incalculable valor histórico, actualmente solo inferior al de Roma. Fueron su situación estratégica en la ruta de la Plata y sus fértiles tierras, situadas en la vega del Guadiana, lo que provocó este rápido e increíble ascenso, que le proporcionó el título de capital de la antigua Lusitania.

Más tarde, durante el periodo de dominio visigodo, Mérida tampoco disminuyó en prosperidad, sino que aún continuó siendo uno de los lugares más relevante de toda España en cuanto a poder político y económico. Una prueba de ello son los vestigios de esta etapa que aún conserva. Durante la invasión musulmana comenzó el ocaso. En 713 fue conquistada por el moro Muza y, en esta época, sus habitantes todavía se resistían a permanecer bajo el dominio de Córdoba, de modo que protagonizaron sangrientas revueltas. Como castigo, y ante el temor a que la brillante ciudad llegara a lograr su objetivo, se trasladó la capital a Badajoz, relegando a Mérida a un segundo término.

En 1228 se produce la reconquista de la mano de Alfonso XI de León y de Galicia, quien cede la villa a la Orden de Santiago. A raíz de aquello Mérida ya no protagonizaría ningún hecho de importancia en el resto de su historia, salvo algunos pequeños capítulos, ya en la Edad Contemporánea. L gloria vivida durante el imperio romano jamás se repetiría.

En la actualidad Mérida está siendo objeto de una constante recuperación, sobre todo a partir del año 1983, fecha en que fue declarada capital de Extremadura y obtuvo el título de Patrimonio de la Humanidad, concesiones que están suponiendo un importante impulso para la que fue, en otro tiempo, la mayor gloria del imperio romano en nuestro país.

Además, en ese fructífero intento de recuperación de la ciudad romana española por excelencia, se celebra, año tras año en verano, un festival de teatro de gran importancia internacional, cuyas manifestaciones no se reducen a la representación de obras de teatro clásicas, si no que éstas se alternan con conciertos sinfónicos, danza, ópera y otras actividades culturales que se ven favorecidas en buen grado por las condiciones acústicas del antiguo teatro romano, cuidadosamente recuperado tras haber desaparecido en el siglo XVIII. Entonces se construyó una plaza de toros con sus gradas.

Este magnífico monumento, que por sí solo sería capaz de evocar la inmensa gloria y esplendor de Mérida en sus remotos tiempos de Augusta Emerita, fue mandado construir por el yerno de Augusto, gran benefactor de la ciudad. Con un aforo para cinco mil personas, el teatro romano de Mérida está dispuesto en un graderío semicircular, repartido en tres sectores, con una zona para la orquesta y un maravilloso escenario con columnas corintias ornamentado con estatuas que son copias exacta de las originales, bien guardadas en el Museo Nacional de Arte Romano, actualmente junto al teatro, pero que en su origen, en 1833, se encontraba ubicado en el Convento de Santa Clara. Este museo alberga una gran colección de enorme interés de la etapa de esplendor de Augusta Emerita. Su visita es imprescindible. Contiguo al Teatro y formando parte de este conjunto, se haya el anfiteatro, pieza clave del arte romano, destinado a luchas entre gladiadores y peleas de fieras. Este grandioso monumento que, según su inscripción, data del año 8 antes de Cristo, es un conjunto compacto, enorme, pues sus materiales de construcción son, en su mayor parte, mampostería y hormigón. Su inmensa capacidad, quince mil personas, nos sirve de referencia para hacernos una idea aproximada de sus dimensiones. Tiene una gran semejanza con el anfiteatro de Itálica, en Sevilla, y con el construido en Tarragona, la famosa Tarraco Augusta.

Junto al teatro y al anfiteatro se encuentra una cripta cuya contemplación nos transporta irremediablemente a los tiempos de la antigua Roma, allí podemos encontrar auténticas tumbas, restos arqueológicos y muchos otros vestigios que suponen para el visitante una aproximación a lo que llegó a representar el gran imperio.

Para terminar con este magnifico conjunto, se conservan en el mismo lugar las ruinas del circo romano, construido probablemente hacia el siglo I antes de Cristo. Este monumento, cuya arena destinada en su origen a las competiciones tiene una extensión de treinta mil metros cuadrados, es el único de estas características que existe en toda España. La ciudad conserva un arco dedicado al emperador Trajano cerca de otro monumento romano, el templo de Diana. Ambas construcciones se encuentran rodeando la plaza de España. El puente romano, construido en tiempos de Augusto, tenía gran utilidad en la época pues, unido a otros puentes de menor envergadura, canalizaba el agua procedente del río Guadiana.

A pesar de que todo este conjunto es lo más representativo del lugar, Mérida también posee otros monumentos que no carecen de interés artístico, herencia tanto del imperio romano como de caballeros santiaguistas y sus pobladores musulmanes y visigodos.

De la etapa musulmana, el edificio más característico es la Alcazaba, que está considerada como la construcción árabe más antigua de nuestro país. Su fundación por Abderramán II en el año 835 fue realizada para apaciguar las continuas revueltas de la población emeritense. Este edificio fue utilizado con posteridad por los caballeros de la Orden de Santiago, quienes lo modificaron en gran parte, aunque sus trabajos no restaron belleza a la construcción inicial, de la que aún se conservan las torres, la muralla y algunas interesantes pinturas.

En cuanto a la iglesia de Santa Eulalia, fue construida en los siglos XIII y XIV sobre una basílica fechada un milenio antes, y es por ello que existe una original mezcla de estilos arquitectónicos que comienzan con el romano, pasan por el visigótico y culminan en el gótico. Existe en este templo una pequeña capilla dedicada a Santa Eulalia en el lugar donde según la leyenda, hoy prácticamente aceptada, fue martirizada. Esta capilla se levantó sobre unas ruinas de un santuario en honor del dios romano de la guerra, Marte, de ahí que aparezca en la capilla una prolífera ornamentación romana. Por último, el convento de Santa Clara, anterior sede del Museo Arqueológico, alberga una importante colección de arte visigodo. No obstante, carecería de sentido enumerar los monumentos de la ciudad sin hacer justicia al importantísimo papel desarrollado por los habitantes de esta dinámica capital extremeña, auténticos protagonistas de su presente. Ellos son los responsables últimos, y no los históricos restos de otras culturas diseminados por la ciudad, de que las sensaciones que evoca en el visitante este lugar, definido con acierto como el santuario romano español, resulten por completo inolvidables.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola..
felicitaros por esta ciudad tam preciosa, que gracias a un amigo extremeño, me ha hecho conocer parte de merida, el teatro romano ,el templo de diana, parte de sus calles y plazas. com lo cual yo me quede maravillada,y eso que dice que todabia no he visto nada .. que aun hay mas, si lo demas es tan bello como lo que he visto... pues que esperas carlos para enseñarmelo????
algun dia ire a visitar esta ciudad tan linda... un saludo de una sevillana.feuessi